Andean Aymara

LAS PALOMAS — Por Gustavo Valcárcel Salas

June 20th, 2009 · 3 Comments

Hace varios lustros que las palomas de Castilla han invadido la ciudad. Paulatinamente se han apoderado de nuestras plazas, techos, mojinetes y han convertido en su refugio las viviendas que por lo arruinadas permanecen abandonadas desde el último terremoto. No faltan voces que ahora las consideran como uno de los atractivos turísticos que podemos ofrecer, y ya se pretende valorarlas casi tanto como a nuestro patrimonio cultural.

En años anteriores no recordamos que haya existido una cantidad semejante. Es más, en décadas no muy lejanas, su presencia no era una de las características de nuestra plaza: simplemente no existían. Sí era frecuente oír el solitario canto de la cuculí en las primeras horas de la madrugada o escucharla matizando las silentes horas del medio día, posada en la indeterminada rama de un ficus. Pero no se multiplicaron, porque ellas no tienen la atroz fertilidad de una sola pareja de palomas de Castilla, que pueden tener veinticuatro crías en un año.

Es innegable que ofrecen un bonito espectáculo al verlas revolotear en densas bandadas; entretiene mirarlas descender en ruidoso tropel de sus nidos cuando las alimentan las almas buenas que ejercitan su caridad; o cuando lo hace un curioso que desea fotografiarse en medio de la vistosa alfombra que forman a su alrededor, mientras ellas comen voraces el grano que se les arroja, en tanto el macho danza en incansable cortejo alrededor de su hembra, que parece impasible a su arrullo e indiferentes a la presencia humana. No hay duda que su abundante existencia cuenta con defensores y detractores.

No sabemos desde cuándo la paloma simboliza al amor y la paz. Fue una dulce paloma la que con una rama de olivo indicó a Noé que los peligros del diluvio habían concluido. Con una blanca paloma se representa el inmaculado misterio del Espíritu Santo. Los aedas nos han trasmitido que fueron las palomas las que alimentaron a la legendaria Semíramis cuando fue abandonada en el desierto, transformada luego en la bella y fastuosa reina asiria fundadora de Babilonia y de sus jardines colgantes, que una vez muerta voló al cielo convertida en paloma y leyenda, tal como dos milenios después lo haría Juana de Arco, la doncella de París. A lo largo del tiempo, todos los trovadores que en el mundo han amado, en sus cantos la han celebrado como el símbolo del amor y lealtad conyugal. Todo aquel que tenga su alma abierta al prójimo habrá considerado que siempre ha sido así, al punto que nos resulte natural compartir la magia que a los poetas la paloma les inspira.

La realidad de su ubicua e incontenible fecundidad, y su desagradable secuela, nos está haciendo reflexionar que la belleza de los mitos y tradiciones que giran en torno a ella, se refieren a una sola paloma y a lo más a una amorosa pareja, pero no a una tupida bandada que se multiplica sin cesar en cada parque o espacio abierto de la ciudad.

Su masiva presencia ha traído como consecuencia que el hace poco restaurado muro de la vieja iglesia Matriz se haya convertido en un descuidado nido de palomas. Ya se han apoderado de los añosos ficus que bordean la plaza, de los postes de alumbrado, balcones, cornisas… a tal extremo que la plaza, los parques, monumentos históricos… se han convertido en un indecente palomar. Construyen sus nidos donde pueden y se paran por todas partes.

Como resultado de esa insufrible presencia las fachadas de las casas, las bancas del atrio y todas aquellas que están bajo las ramas de los ficus por donde se posan, lo mismo que el piso, se encuentran cubiertos de la detestable pátina blanquecina de sus persistentes deyecciones. Los vehículos que estacionan los conductores desprevenidos, los peatones desafortunados que cruzan como en callejón oscuro por donde ellas descansan, corren el riesgo de ser bautizados con su repugnante excreta, que además es altamente corrosiva para la piedra de los monumentos históricos, para la pintura de la pila que tanto nos cuesta mantener elegante, la de los carros… Pero además de ser destructora de los jardines de la plaza es la peligrosa portadora de parásitos, bacterias, hongos, virus, entre otros gérmenes que ocasionan en el ser humano alergias y enfermedades; y por si fuera poco, sus plumas de todos los tamaños se filtran a las habitaciones de las casas vecinas. La paloma es el mejor vehículo para llevar las chirimachas de una casa a otra, diseminar las hitas y demás enemigos de la humanidad, que pueden conducir incluso a la muerte, teniendo en los niños y ancianos a sus principales víctimas por ser los más indefensos. Pocos han reparado que la colorida imagen bendecida de la Virgen María, colocada con el fervor de una ceremonia paralitúrgica para glorificar el ingreso principal de nuestra iglesia parroquial, fue retirada por el desagradable espectáculo que daba el verla profanada, cubierta totalmente con excremento de paloma, tan sucia como un asqueroso palo de gallinero. Algo inaudito, pero que las palomas anidadas en la fachada de nuestro principal templo no tienen porqué discernir. Está claro que se han convertido en una detestable plaga.

En los lejanos años sesenta era antigua costumbre criar todo tipo de animales de corral en las casonas, en las que era infaltable el gallinero, la conejera y a veces hasta un palomar por quienes la tentación de saborear un tallarín de pichones era superior a la creencia que su crianza pudiera atraer la mala suerte. Fue inevitable que la ciudad entera se infestara de chirimachas. Entonces la municipalidad, asesorada por las autoridades sanitarias, prohibió aquellos criaderos domésticos con atinadas medidas acatadas de manera unánime. De esta manera dimos un gran salto en materia de salubridad. Pero ahora el gallinero pareciera que se ha trasladado a la vía pública, sin que se haga nada para erradicarlo.

Por eso el conocido cineasta Woody Allen la llamó con celebrado ingenio “la rata del aire”, con tanto acierto que la ironía fue recogida por el poeta Antonio Cisneros para difundirla en nuestro medio. A esa figura apela también el poeta y cronista tacneño Fredy Gambetta cuando preocupado por el ornato y la salud pública de su ciudad, en sus artículos trata de llamar la atención de sus paisanos que ven invadido su Paseo Cívico por la portadora de tantos bichos. Vemos que el mal no es solo local.

En otros países, en los cuales existe el mismo problema, todos ellos más desarrollados que el nuestro, se han tomado medidas para evitar que se propaguen y que con sus excreciones destruyan los centros históricos, así protegen su cultura como la salud. Allí sí son conscientes de las enfermedades que transmiten, como la salmonellosis, histoplasmosis, el fibroma pulmonar, las toxoplasmosis, gripe aviar, la psitacosis, cryptococosis…

No las envenenan, evitan que se propaguen dándoles alimentos con anticonceptivos. Su captura y control es un problema de logística fácilmente superado. Naturalmente que tienen los recursos para hacerlo. Pero en esos países tampoco les dan bocado a los perros, como lo hacemos nosotros; les está prohibido maltratar a los animales y talar árboles, como se acostumbra hacer aquí; no se usa la violencia contra los niños, que forma parte de nuestras costumbres y métodos educativos. Pero respetamos la vida de las palomas con la pretensión de ser un país civilizado como aquellos, y en el afán de parecerlo somos capaces de llegar a la ridiculez extrema de tener a una empleada municipal en la Plaza de Armas permanentemente espantándolas dando un lamentable espectáculo, olvidando los daños que causan con su presencia que llega hasta la periferia de la ciudad, y su amenaza pende como una espada de Damocles sobre la salud de toda la población.

Dadas nuestras costumbres tenemos razones para dudar que las autoridades sanitarias estén haciendo un seguimiento que permita descartar el peligro que esta amenaza representa. El sitio más indicado para las palomas es sin duda el parque ecológico, ubicado en la zona rural, pero no la ciudad. No esperemos que se desate una epidemia para tomar las medidas de prevención.

Moquegua (Perú), abril del 2009

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3 responses so far ↓

  • 1 walter // Nov 19, 2009 at 2:32 am

    hola, me interesaría después de tu informe muy cargado de historia y de respeto por la naturaleza (que es difícil encontrar hoy dia) si me podrías comentar si tenés conocimineto de el porque la explosión demográfica de las palomas, acá en Gualeguaychú, Entre Ríos, Argentina estamos teniendo una nunca vista epidemia de palomas pero apollo el tratamiento del problema sin exterminarlas

  • 2 gustavo // Dec 15, 2009 at 12:36 pm

    Walter, gracias por tu comentario. Sin duda que la proliferación de las palomas en las ciudades es un problema que se generaliza. Una de las razones por las cuales de reproducen con tanta fecundidad es por que tienen el alimento abundante, y esto ocurre porque siempre hay gente que se los da. Si se impidiera esto, la propia naturaleza animal los limita. Todo esto independientemente de las medidas que deberían adoptar las autoridades locales y los vecinos.

  • 3 MayncDocaDeno // Dec 27, 2009 at 3:42 pm

    Que Tal

    Antes que nada queria felicitar a la gente que administra este maravilloso lugar por que desde que
    lo he descubierto me ha servido bastante, siempre
    encuentro lo que busco y es bastante interesante, seguir asi por favor siempre con este nivel Muchas Gracias !
    Ahora es el turno de mi pregunta, algui’en sabe donde puedo ver los partidos de La Liga BBVA por internet y si es posible de forma gratuita ?
    yo solo conozco una pagina que es la que pongo a continuacion a ver que opinais, gracias de antemano.

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